Bienaventurados los misericordiosos

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La palabra misericordia es hermosa, nos habla de ayuda, de consuelo, de refugio, nos habla de la bondad de poder socorrer a alguien y nos recuerda lo que Dios hizo por nosotros al entregarse en la cruz. La misericordia está relacionada a la entrega, lo que doy por los demás: tiempo, bienes, atención… y si hay alguien que nos muestra que es darlo todo por amor a los demás es JESUS.

Jesús es nuestro mayor ejemplo de lo que es ser misericordioso, Él sabía quiénes lo negarían, quienes se burlarían de él, sabía que muchos que un día oyeron sus enseñanzas luego estarían gritando por salvar a barrabás y aun así se entregó por nosotros, por amor, por otorgarnos una salida que no merecíamos, y librarnos de lo que nuestro pecado merecía.

Jesús amó a aquellos que la sociedad no prestaba atención, amo a los enfermos, pecadores, incluso en la cruz entregó la salvación a uno de los ladrones crucificado junto a Él.

Ser misericordioso es ser como Jesús y extender la mano para suplir las necesidades de quienes necesitan ayuda.

Y que mayor muestra de amor que poder llevar ese mensaje a quienes aún no le conocen.

El mensaje de la cruz habla del amor de Cristo, el mayor refugio que podemos encontrar, de su paz, el mayor sustento que podemos hallar. Y es un mensaje que alcanza aun a quienes el mundo ha rechazado.

Todos necesitan oír el mensaje de Cristo, es el mensaje que trae salvación a las vidas, y también debemos con nuestras acciones mostrar el amor de Cristo, y ayudar a quien lo necesite.

Cuando tú decides hacer misericordia con alguien no necesitas que todo el mundo te vea, porque Dios es quien está atento a las obras de sus hijos.

Ser misericordioso es la respuesta de un corazón agradecido, al saber que Dios ya ha sido tan bueno y misericordioso con nosotros, aun a veces ni hemos pedido ayuda y Dios ya nos socorre.

Bienaventurados los misericordiosos, aquellos que abren su corazón frente a las necesidades del mundo, porque saben que Dios es misericordioso con ellos, otorgándoles la vida eterna, un regalo inmerecido de salvación, y la paz de que su vida está en manos de Dios.