Los de limpio corazón

Bienaventurados 006

"Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios."

Mateo 5:8

Puede ser que te veas alegre y conforme, aun cuando detrás de todo exista cansancio, amargura, ansiedad o dolor.

¿Cómo está tu corazón?, la respuesta automática es responder “bien” cuando nos preguntan cómo estamos, pero realmente ¿Qué está pasando en nuestro corazón?

Muchas personas se acostumbran a vivir su día a día con cargas, sintiendo que nunca pueden descansar realmente, ¡Pero Cristo dijo que en Él hallaríamos descanso! Tenemos la solución, ¿Por qué entonces no la tomamos?

Estamos en una sociedad donde las faltas de perdón son tan comunes, donde el orgullo y la soberbia definen a una persona “fuerte”, donde el pecado es aceptado socialmente porque “así es todo el mundo”, donde los insultos son pan de cada día en las calles, y donde el individualismo nos ha llevado a pensar que tengo que hacer todo para que yo esté bien, olvidándome del resto.

Dios no nos llama a ser de limpio corazón porque es fácil, o porque sea lo que la corriente te lleva a hacer; ser alguien de limpio corazón va contrario a todo lo que nos lleva la sociedad, pero es siempre el mejor camino.

Tan importante es nuestro corazón que la palabra de Dios nos dice “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” (Prov. 4:23) esto quiere decir que cuidemos nuestro corazón, nuestros pensamientos, sentimientos, nuestro carácter, de todo aquello que nos daña.

¿Qué daña el corazón? Diversas situaciones pueden hacer doler el corazón, pero existe algo puntual que ensucia el corazón: el pecado. Esto quiere decir todo aquello que nos separa de Dios, todo aquello que es contrario a la palabra de Dios.

La palabra del Señor dice en el libro de Hebreos que sin santidad nadie verá a Dios (heb.12:14)

Dios es santo, por lo tanto cuando estábamos sin Cristo estábamos apartados de Dios. Nuestro pecado no nos permitía el poder acercarnos a Dios, pero es Dios mismo quien provee una salida, un camino: a Jesucristo, Cristo mediante su sacrificio nos hizo libres de la condenación del pecado.

Pero ahora comienza un caminar hacia la santificación, significa llenarnos del Espíritu Santo y ser guiados por Él y no por nuestra carne. En la medida que involucramos a Dios en nuestras decisiones, en nuestros sentimientos, en la manera en que nos comportamos, vamos viendo como nuestro corazón se limpia más y más.

Eso es un corazón limpio, un corazón que decide amar a Dios y seguirle con todo, dejando el pecado atrás y avanzando por la voluntad de Dios.